¿Cómo se utilizan los bacteriófagos en medicina? - Unilabs CAREBIG

¿Cómo se utilizan los bacteriófagos en medicina?

Cada vez es más difícil tratar ciertas infecciones, ya que los antibióticos son cada vez menos efectivos. Los bacteriófagos pueden ser una solución, pero ¿son una alternativa de tratamiento eficaz? Share on X

Los virus son microorganismos que pueden introducirse en las células para multiplicarse y producir enfermedades. Las bacterias son organismos unicelulares que pueden ser muy beneficiosos para el cuerpo humano, pero también pueden ser fuente de enfermedades.

No todos los virus son patógenos para los humanos, lo que significa que es posible que no sean infecciosos para las personas. De hecho, existe un tipo específico de virus, los bacteriófagos, que se encuentran dentro de las bacterias.

En los últimos años, se han presentado como una posible solución a la famosa resistencia a los antimicrobianos (RAM).

¿Qué es la resistencia a los antimicrobianos?

Primero, es necesario explicar que todo antibiótico tiene que unirse a un receptor para funcionar. Si el receptor cambia por una mutación, el antibiótico deja de ser efectivo. Como resultado, una bacteria puede resistir al antibiótico, modificándolo, rechazándolo o expulsándolo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un número creciente de infecciones, como la neumonía, la tuberculosis, la gonorrea y la salmonelosis, son cada vez más difíciles de tratar porque los antibióticos empleados resultan menos efectivos.

Cuando un antibiótico ya no es útil, es necesario desarrollar una nueva molécula antibiótica. Las opciones se han ido limitando progresivamente con la aparición de cepas bacterianas más resistentes.

En respuesta, la OMS ha pedido a la industria sanitaria que invierta en la investigación y el desarrollo de nuevos antibióticos, vacunas, diagnósticos y otros recursos, como la terapia con bacteriófagos.

Uso de bacteriófagos en medicina

¿Cómo funciona la terapia con bacteriófagos?

Se usan virus bacteriófagos para tratar infecciones bacterianas desde hace más de cien años. Los descubrieron de forma independiente Frederick Twort en 1915 y Félix d’Herelle en 1917, más de una década antes que la penicilina, el antibiótico más reconocido.

En la década de 1930, en Alemania, comenzaron a fabricarse sulfonamidas en masa, unos potentes agentes antibacterianos. Sin embargo, el uso de antibióticos a partir de la década de 1940 en los Estados Unidos hizo que el tratamiento fágico quedara obsoleto y se abandonara la investigación. 

Bacteriófagos y antibióticos ejercen la misma función: destruyen las bacterias. Sin embargo, parece que algunos lo hacen mejor que otros.

Si bien los antibióticos han sido una revolución médica y, a menudo, son muy efectivos para detener las infecciones, los bacteriófagos podrían aportar grandes ventajas.

  • Atacan a un solo tipo de bacteria: los antibióticos pueden ser de amplio espectro o más específicos, pero, en general, matan bacterias indiscriminadamente, incluidas aquellas que son beneficiosas y necesarias para el cuerpo, como las que viven en el intestino. Por el contrario, cada tipo de bacteriófago ataca a una clase concreta de bacteria, manteniendo el resto del cuerpo a salvo.
  • Podrían matar a las bacterias resistentes a los antibióticos: comparado con el funcionamiento de los antibióticos, el mecanismo bacteriófago dificulta que las bacterias desarrollen resistencia. Los antibióticos impiden que las bacterias realicen algunos procesos específicos, como multiplicar su ADN, producir proteínas o mantener su pared celular. Los bacteriófagos destruyen activamente la pared y la membrana celular de las bacterias y las matan desde el interior.

Cuando ya no hay más bacterias que los alberguen, desaparecen.

¿Dónde nos encontramos ahora?

La terapia con bacteriófagos aún no ha sido aprobada por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) porque aún quedan muchos aspectos por investigar antes de que pueda generalizarse como tratamiento. 

Por ejemplo, los protocolos respecto a la vía de administración, ya sea oral o intravenosa, o la dosis, frecuencia y duración del tratamiento. Por otro lado, cuesta encontrar la selección específica de bacteriófagos para cada bacteria, y lleva su tiempo. Por último, existen riesgos que aún deben investigarse: por ejemplo, si los cuerpos de las bacterias muertas resultantes de la acción de los bacteriófagos pueden desencadenar una respuesta inmunitaria mortal, llamada sepsis.

No obstante, la terapia con bacteriófagos ya se ha utilizado para salvar vidas en tratamientos experimentales. 

Tal vez a medida que los antibióticos pierdan su eficacia, los bacteriófagos pueden convertirse en un tratamiento complementario o alternativo en lugar de la última opción contra las bacterias resistentes a los antibióticos.

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