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La genética es el futuro del tratamiento de la artrosis

28/09/2012
La artrosis es una enfermedad inflamatoria crónica causada por la degeneración del cartílago articular. Se estima que aproximadamente el 10 por ciento de la población la sufre. Es decir, casi cinco millones de personas en España ven cómo sus rodillas, manos, pies o caderas fallan. Se trata de una dolencia que puede ocasionar mucho dolor físico y sufrimiento psicológico a aquellas personas que la padecen. En muchos casos se produce un descenso importante de la calidad de vida de los afectados
No hay que olvidar los costes económicos de la enfermedad, que se estiman en unos 4.700 millones de euros al año en España. Como ha señalado Eduardo Úcar, presidente de la Sociedad Española de Reumatología, durante la presentación del Congreso Mundial de Artrosis, "más del 80 por ciento de las personas mayores de 60 años sufren esta enfermedad, que, además, es la primera causa de invalidez permanente".
 
Perspectivas
Más de 1.300 expertos de todo el mundo se reúnen estos días en Barcelona en el marco del Congreso Mundial de Artrosis para compartir las principales novedades en la investigación, diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad. En la actualidad no hay un tratamiento que permita curar la artrosis. Fisioterapia, bajar de peso, cambiar hábitos de vida o las prótesis son las principales estrategias para paliar los efectos de la enfermedad.
A pesar de ello, Linda Sadell, presidenta de la Oarsi, se ha mostrado optimista: "Esperamos que en los próximos diez años mejore el tratamiento de la artrosis". Además, ha puesto el énfasis en el que, a su juicio, debe ser el principal objetivo de los investigadores: "Estudiar los genes de las personas que sufren artrosis, pero también los genes de las personas que no padecen la enfermedad".

Y es que, aunque en la artrosis son de gran importancia factores como el sexo (la padecen más las mujeres) o la edad, se ha comprobado que tiene una base genética que podría suponer el 60-70 por ciento de la susceptibilidad a padecerla.

Por eso, como ha señalado François Rannu, del Hospital Cochin, de París, "habrá numerosas comunicaciones en el congreso que estarán centradas en los avances en las investigaciones genéticas de la enfermedad".

En este sentido, Francisco Blanco, presidente del Comité de Investigación y Formación de la Oarsi, ha querido destacar la ponencia en la que Gilbert Omenn, director del Centro de Medicina Computacional y Bioinformática de la Universidad de Michigan, "hablará del proyecto en el que intenta identificar todas las proteínas que se codifican en el cuerpo humano, y de cómo este proyecto [el proteoma] puede ser útil para el estudio de la artrosis".

Asimismo, también ha señalado que muchas de las ponencias que acogerá el congreso se referirán al tratamiento de la enfermedad. En este apartado se incluirán, por ejemplo, las estrategias de bloqueo de dianas terapéuticas para frenar la progresión de la artrosis.

El trabajo, que se publica en la edición online de Nature, proporciona nuevos datos de cómo pueden influir las alteraciones genéticas en el pronóstico. Los investigadores explican que los intentos de definir distintos subtipos de cáncer de mama y discernir los posibles factores somáticos implicados todavía son muy escasos y preliminares. Una de las razones es que este tipo de tumores representan, en realidad, múltiples enfermedades y es necesario llevar a cabo estudios con cientos o miles de pacientes para extraer conclusiones.

El estudio se basó en un análisis genómico/transcriptómico con el que se determinaron los elementos clave de los diferentes subtipos de cáncer de mama investigando el impacto de los cambios heredados o adquiridos sobre las características tumorales. De este modo, se definieron diversos subtipos asociados a rasgos clínicos y moleculares específicos en 997 tumores, que fueron validados en un segundo conjunto de 995 tumores. Los cambios genéticos adquiridos influirían en casi el 40 por ciento de los genes que se expresan en los tumores. Los nuevos datos han permitido a los autores clasificar los cánceres de mama más allá de los tipos anteriormente establecidos, que incluyen subtipos tanto de alto riesgo como de pronóstico favorable. Sus hallazgos podrían contribuir a comprender mejor las respuestas que se consiguen con los distintos agentes terapéuticos. La ansiedad favorece la progresión y gravedad tumoral

Para este trabajo los científicos han sometido a un grupo de ratones a una exposición excesiva a los rayos ultravioletas (factor oncogénico conocido) y a una parte de ellos, además, a situaciones de estrés. Aunque todos los animales desarrollaron cáncer de piel, los que estaban más estresados presentaron más tumores y entre ellos se encontraron los únicos que también sufrían las formas invasivas de este cáncer.

Al comparar las respuestas inmunes de los animales, los científicos constataron que los ratones más ansiosos tenían niveles más elevados de células inmunosupresoras (linfocitos T reguladores) en comparación con los no estresados.

Firdaus Dhabhar, profesor en los institutos del Cáncer y de Inmunidad, Trasplante e Infección de Stanford, y autor principal del trabajo, recuerda que este tipo de estudio no se ha llevado a cabo en pacientes, aunque debería hacerse. "Suficientemente malo es un diagnóstico de cáncer, y bastante estrés y ansiedad genera su tratamiento, pero este trabajo indica que estos elementos pueden acelerar la progresión tumoral, perpetuando así un círculo vicioso".

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